Thursday, April 08, 2010 

Day 2 (part 3) - really, still La Rochelle

Not everything is about food in that town. Let's step back a little bit; we leave the tracteurs, special transports with thumping big pieces of stuff , the thumping big lorries and other sundry slow cars on D roads that should have been N roads, and recall our entrance in the town... Tourists crossing the road - death wish - bicycles crossing - death wish II - and Brit tourists on the wrong lane (Phil still says he was "only" avoiding the bus lane, which is a crap cover-up story).

So, our first impression of the town, despite the traffic chaos was pretty good; summer feeling, white paved streets with white classical buildings, beautiful port and a great Bed and Breakfast... "La Maison du Palmier" (linky). Great location, great taste; we are in the Chambre du Voyageur, 95€ a pop, rez de chaussée, windows facing the lovely courtyard garden and the street... but oh so quiet). Lovely compendium of XIXth century traveller paraphernalia in the most lovely room (lovely x 3, yes, I did notice the repetition). By the way, the hat is ours.

Le hat on ze bed

Le 'appy voyageur

Le courtyard

So, even though the piccies are self-explanatory, let me tell you about the room. If I turn my head to the left from the bed, there's the bathtub, visible through a window on the wooden partition that separates bedroom space from hand basin and bagnoire - loo is on separate closet, thankfully. This reminds me of the wondrous and very comfy tents that colonial travellers used to set up on their posh safaris - bit round or square yugurta with draperies over wooden four poster and proper English bathtub carried to camp on the back of long suffering elephants, or camels, or slaves... Open the curtains, and voila le courtyard, all silent, but full of light. Niiiice...

We are located next to the port, parallel to a pedestrianized street full of lovely looking restaurants. As you know if you read the previous installment, we ended up having dinner somewhere else, in the Rue des Bonnes Femmes, who were bien sur neither dames nor nuns - confirmed by the sex shop in the same address.


So, historic / holiday city checklist; port (tick), good food (tick), wonderful white houses (tick), old town with old houses (tick), cathedral (tick), and of course great bemirrored café, at Place Verdun, host to many writers' débats (as a French café should be, Simenon et alia discussing stuff over a croissant) with a cinema at the back. Reminds me of that café in Lisbon where I am sure Pereira used to have his lemonades ("Sostiene Pereira" always a wonderful book). And this, ladies and gents, is the coffee place where we will be having brekkie tomorrow, for 6.80€, so check this space.

Labels: , , ,

Tuesday, March 04, 2008 

El Diario de Miss Gonzalez XXXIII

Pues sí, aquí se queda la cosa, mariposa. En el 33.

Miss González terminó su diario hace ya años, y desde entonces ha estado dando tumbos de clase en clase y de un lado a otro del océano, quedándose al final encallada en la isla de la Gran Patranha, en donde cada vez se sorprende de menos y menos patranhas. Sin embargo, como colofón al diario, os dejo, estimados colegas de profesión, un par de perlas de un manual de Español de aquellos tiempos de toga y regleta... claro que a cierto compañero con el que me tomo un café catártico semanalmente esto le sonará a la más pura actualidad...

Instrucciones:

I. Regular preparation of the advance lesson should be made as follows:

_a_. Reading of the text by the teacher, a sentence at a time. Each sentence to be translated by a pupil after the new words have been explained by the teacher, in Spanish if possible.

_b_. A second reading by the teacher, followed by chorus reading of theclass.

II. At home the pupil should read the text aloud several times and copy the text once or twice, then study it carefully.

Textos:

2. EL DISCÍPULO En nuestra escuela hay muchos discípulos. Carlos, Enrique y Pablo sondiscípulos. Ana, María y Elvira son discípulas. Juan es diligente.Carlos no es muy diligente. Algunas veces está muy perezoso. Elviraes más diligente que Juan. ¿Quién es más diligente, el discípulo o ladiscípula? Juan está atento y es obediente. Carlos está desatento y esdesobediente. No escucha atentamente. Cuando el maestro habla y explicaCarlos no escucha. Él no aprende nada. En muchas escuelas hay discípulosy discípulas. En algunas escuelas hay sólo discípulos y en otrasescuelas hay sólo discípulas.

5. EL DISCÍPULO EN LA ESCUELA. El discípulo entra en la sala de clase. Él va a su banco y se sienta.Suena la campanilla y principia la lección de español. El maestropregunta. El discípulo se levanta y responde. Él se sienta, abre sulibro y lee una frase, dos frases. Él cierra su libro y repite lasfrases. Él habla alto y distintamente. Algunas veces habla bajo eindistintamente. Otras veces habla muy lentamente porque no ha estudiadosu lección con diligencia.Hace calor en la sala de clase y un discípulo abre la ventana. Él abretambién la puerta. Ahora hace demasiado frío y otro discípulo cierra laventana y la puerta. Él escribe con la pluma o con el lápiz lo que dictael maestro. Él va a la pizarra y escribe con la tiza en la pizarra.Después la limpia y va a su banco, se sienta y copia lo que está escritoen la pizarra.

Source: A First Spanish Reader by Alfred Remy and Erwin W. Roessler.

Labels: , , ,

Saturday, December 29, 2007 

El Diario de Miss Gonzalez XXXII

NO SE HABLA CON EXTRAÑOS Y EL VIRUS CONSUMISTA


Si es que el problema de vivir en pleno centro es que una se encuentra con todo tipo de ofertas hasta cuando va a comprar perejil, lo cual es muy malo para la visa, y eso que es electrón y me dice las verdades a la cara, vamos, aquí apoquino como dios manda, nada de créditos a fin de mes...

He caído en las redes del DVD. Y es que todas las coincidencias me llevan a Lawrence de Arabia. Vamos, que en uno de mis inocentes paseos por Virgin (porque es el atajo para llegar al supermercado) me encontré con el susodicho DVD, del susodicho personaje, en una oferta dos por uno... ¿y cómo decir que no cuando resulta que también tienen Blade Runner?. Ale, y hoy, como buena reincidente, me compré otros dos: Heat y Pi (pi de símbolo matemático, no de título gilipuertas). En fin, menos mal que revisando la lista de DVDs en oferta no me interesaba ningún otro.

Bueno, había el de Tora, Tora, Tora... pero no voy a caerrrrrr... ya me tiemblan los dedos, tendré que tomarme la medicación anti-consumo, unas cuantas pildoritas rojas y seguro que me curo.

Sigo, tuve también la genial idea de meterme en la librería, que es una preciosidad, de aquí al lado – cómo no, también "atajo para el supermercado" – y acabé con dos libros en el bolsillo (sí; Los siete pilares de la sabiduría, del amigo Lawrence, diosss, si es que ya lo tengo hasta en la sopa, y Count Belisarius de Robert Graves, ese mismo, el que me metió a Lawrence por medio en la traducción). Ale, otro clavo a la tarjeta. Y claro, en la tienda de al lado tienen estas bombas para el baño que molan tanto, y encima las tenían en forma de huevo, dentro de un cartón de media docena de huevos.... ale, a la bolsa también.... y por supuesto, en Fenwick tienen pasta fresca, así que, toma, pasta fresca para la niña (como si no tuviese pasta de la otra para parar un tren o para llenar un refugio antinuclear y sobrevivir con ella).


Para más INRI, como estoy de vacaciones y eso significa permitírselo todo (ojito, que sólo me quedan tres días), pues al teatro de cabeza. Eso sí, mereció la pena. Como es un rollo lo de quedar con la gente, fui yo sola, a la matinée, uséase, a eso de las dos, y el teatro, como era de esperar estaba hasta los topes de gente muy viejecita muy viejecita y muy inglesa ella. A mi me tocó entre dos señoras robustas que comían caramelos (siiii, como la petarda del Rosalía en Coruña, que a cada obra se llevaba mentolines de esos que tienen el plastiquito que hace cras cras cras y los sacaba despacito de su bolso – bolso con velcro, obviamente, para que también haga cro, cro, cro – y les quitaba el plastiquito despacito haciendo aún más ruido que si lo sacase de una tacada), bueno, pero éstos eran sugus y no hacían ruido... Lo peor fue el señor que se me sentó detrás. Yo estaba tranquilamente leyendo mi libro a cinco minutos del comienzo de la obra, cuando oigo una voz chillona en mi oreja diciendo “¿crees que me dará tiempo a leerme un capítulo de mi libro a mi también?”. Me doy la vuelta y le digo amablemente “pues por qué no”, y me pregunta que qué libro estoy leyendo, y le digo que el de los Mitos Celtas, y me dice que el suyo es parecido y va y me pone delante de las narices “La interpretación de los evangelios desde el punto de vista de los judíos”. “Pues sí, mire usted, al final todo es lo mismo” le digo, y me da el libro y me dice, “mira, mira, lee donde está marcado que seguro que te interesa” y ya me veis a mi abriendo los evangelios del rabí jacob por la página marcada y teniendo que leerme el papelito que usaba como marcador. Léase: conferencia del reverendo no-se-que en la universidad de aquí al lado, sobre la interpretación de los evangelios en cuestión, tráiganse su comida y el té, porque como los encuentros religiosos en el lugar son cada vez más escasos se ha prescindido del bar y todo tipo de aportación económica voluntaria será bien recibido por el reverendo en cuestión que es una figura clave y no se que más. “Pues sí” le digo dándome la vuelta y devolviéndole el libro “muy interesante”... y con la técnica de si-hago-que-no-me-entero-de-nada-seguro-que-se-cansa (y pasa de mi), me doy la vuelta y me enfrasco en mi libro haciendo como que es interesante... Al instante noto un codazo de la afable señora-armario que estaba a mi lado, y me dice riéndose por lo bajito para que el de atrás no se entere... “Por algo se dice que no se debe hablar con extraños, ji, ji, ji”....

Así que ahí queda la moraleja.

Labels: , , ,

Wednesday, August 29, 2007 

El Diario de Miss González XXX (Wehey! triple ex!)

MARIQUITA DÍAZ

Así, así me veo en mi nueva casa, y tras un largo silencio fomentado por lo bien que se está aquí... Vamos, que más que en escribir diarios gasto el tiempo en batir el record de sueño. Creo que en mi otra vida debí de ser un lirón o algo así porque cuanto más duermo más ganas tengo de dormir, y no paro, y sigue, y sigue, de hecho, ahora estaría durmiendo si no fuese por un ataque de fuerza de voluntad que me ha dado, y si no fuese por el pastel que está en el horno...

¿Pastel? Se preguntarán mis queridos lectores. Pues sí, tras la experiencia de la montaña me he vuelto hogareña, de hecho, cada día me parezco más a nuestra entrañable Mariquita Díaz, la muñeca de las niñas que de mayores quieren ser mamás... Estos últimos fines de semana, por fin, he decidido dejar de ser uno de esos ejemplares que se alimentan de bocadillos y pasta con salsa de bote. Bueno, no es que haya dejado de comer eso, pero por lo menos me he propuesto cocinar, y para que la cosa vaya en serio, cocinamos en grupo. Ayer, para celebrar la noche de San Patricio cocinamos Rosa y yo un pastel salado de verduras que nos quedó primoroso, hoy cocinamos pimientos rellenos (ejem, mejor obviemos el asunto porque el pimiento estar, estaba relleno, pero nos quedó un pelín crudo y aún me está repitiendo). Y nada, ya que tengo todo lo necesario en casa, hoy he decidido cocinar un pastel por mi cuenta, a ver que sale... Y lo peor es que el horno no tiene ventanita así que no se si se ha derramado todo porque le he echado demasiada levadura o si resulta que anda por los suelos porque la frutilla que le he echado pesa demasiado. A todo esto, el fin de semana pasado cocinamos algo parecido a un pastel de zanahoria, pero no se si decir que fue un éxito o darle sólo un aprobado.

En fin, cambiemos de tema, que esto comienza a parecer las crónicas de Arguiñano en vez de el diario de aquí una servidora.

Anduve bastante ocupada estas semanas porque vino Sergio de visita y luego vino Simón. A Sergio lo torturamos entre todos porque ese viernes era justo la despedida de Richard (sí, el que se va a México, que digo, el que está ahora en México lindo disfrutando del buen tiempo), y, como no, la despedida consistió en ir a bailar salsa. Vinieron todos los amigos de David (que no se donde los tenía escondidos), y con todos ellos bailamos, lo cual fue un gran ejemplo de buena voluntad, porque una cosa es bailar salsa con un inglés y que te pise o te entre complejo de escoba, y otra es bailar salsa con seis, cada uno de su father y de su mother, siguiendo su propio ritmo y, peor aún, siendo conscientes del ridículo que hacían y dándonos mil gracias por enseñarles a bailar, cosa que no harían si estuviesen sobrios. La verdad es que es la primera vez que me topo con ingleses que se dan cuenta del ridículo que están haciendo en situaciones como esa... La noche fue memorable, pero no tengo ninguna foto.

La semana siguiente vino Simón, y no sé qué tortura le tenía preparada... ah, sí, ya me acuerdo. La fiesta de disfraces. Como la cosa de su llegada estaba un poco en el aire porque de aquí volvía a Glasgow y luego a Madrid y luego a Boston, pues mira, yo me había agenciado un compromiso para el martes por la noche... la Fiesta de Disfraces que nuestra querida amiga Peggy había organizado, sí, la representante de alumnos ninfómana que persigue a David. Y es que los disfraces me pirran.

Por tres libras me compré el quit completo de Eva Perón, que al final quedó en “Mujer de Dictador” aleatoria, o Bonnie sin Clyde y sin una maldita recortada en el bolso de abuela que me había comprado. Luego, por otras tres libras me compré el pedazo de gorro horterísima tipo años cuarenta que era de lo más cantoso y cómo no, complemento ideal para la Señorita Pepis. Guardo foto... A Simón le tocó ir de Náufrago. Si es que... en el Ejército de Salvación se encuentra la respuesta a todos los problemas de vestuario. Compramos una camisa y con mucho gusto la hicimos añicos. Me dio un poco de pena porque la tela era de buena calidad, pero qué le vamos a hacer... David, que se iba a quedar a dormir en casa con nosotros iba de... Zorro...

Qué lata me había dado durante toda la semana... Que si ya había llevado el traje de Zorro los carnavales pasados (me dirás, en esta fiesta nadie le conocía, y no es tan malo repetir traje digo yo). Que si iba demasiado sexy (y que si Peggy se le iba a tirar a sus partes porque claro, no podría reprimirse ante sus encantos). En fin, que al final vino de Zorro, vestido desde Morpeth, en el autobús, con espada y todo, y cuando llega parecía más Sandokan que el Zorro (ah, y lógicamente no sabía quién era Sandokan, así que no le pude tomar el pelo).

Llegamos allí y nos encontramos con la fiesta de disfraces de Porky´s. A Simón le estuvo acosando una salchicha vestida de enfermera guarrona, y según parece una de las amigas de la misma, vestida de pastorcilla de porcelana le dejó bien clara la sensación que le daba cuando le miraba (no pienso repetir las palabras ni los gestos, por respeto a la víctima del acoso, sorry Simón, siento que tengas que salir en mi diario... pero piensa que la población masculina española te hará un monumento, y más de uno habría deseado estar en tu lugar). También Peggy demostró su interés por el chico nuevo contándome lo maravilloso que le parecía, a lo que una, muy en su papel de mujer de dictador tapada del cuello a los tobillos le contestó que a mi plin y que se lo contase a él si quería. David se libró esa noche del acoso de Peggy, pero cayó en las garras de tres Criadas Francesas, Catwoman y alguna que otra Superhéroe más... Una profe de inglés que iba disfrazada de Robin, y una de las profesoras de francés la acompañaba de Batman. Había incluso dos pobres chicas que habían alquilados los trajes de Wallace y Grommit o algo así, no se cómo se llaman los personajes éstos de plastilina, el uno un señor y el otro su perro, que iban asadas de calor y sujetándose los pedazos de cabezones que llevaban de traje. También había Blues Brothers, Vilmas y Pedros, Pink Ladies, travestis (pero de lo más grotesco), y un escaparate portentoso de pantorrillas, muslamen y obviamente pechugas, de tal manera que más que una fiesta parecía el mostrador de una carnicería.

Loados los hombres que pudieron disfrutar de la visión, porque yo me aburrí bastante, estando mi lado lésbico bastante enquistado, y habiendo pocos hombres a los que admirar porque todos daban pena. David al final se fue a la discoteca, atrapado en las garras de las hermosas damiselas a las que habían hecho creer que era Mexicano. En fin... no comments.

Obviamente no supimos nada de él hasta el día siguiente, y eso que le dije que no tenía más que llamarme al móvil, que le abría la puerta y que tenía su rinconcito en el suelo al lado de nuestro amigo Simoncete... En vez de en casa de aquí la menda, acabó en casa de Catwoman (sólo para dormir, nada de rollos), la cual no le gustaba porque era rubia (a esto tampoco añado comentario), y encima se pensó el alma cándida que la muchacha al día siguiente no iba a darse cuenta de que no sólo era inglés sino que encima profesor. Obviamente, la mujer le reconoció y fue a ver si se tomaba un café con ella, y David puso pies en polvorosa... pero como dice él “Por un día fui el Zorro mexicano”. Qué haríamos sin él... nuestras vidas serían tan aburridas...

Labels: , , ,

Wednesday, August 08, 2007 

El Diario de Miss Gonzalez XXIX

DE CÓMO SALIR CON OUTAC Y NO MORIR EN EL INTENTO


Ya me dijeron mis alumnos... no lo hagas, por favor, no lo hagas. Pero sí, aquí una servidora tenía que ir de trekking con los de Outac. Por 35 libras viaje a las Highlands en furgoneta, alojamiento, comida y excursión, qué mas se puede desear...

...

no haber ido...

Kleine Hexhe y yo nos subimos a la furgoneta y aguantamos estoicamente el viaje de ocho horas – porque uno de los chavales que iba, militar, salió tarde del cuartel, una hora o así – y llegamos ilusionadas a la montaña. Pero ahora, mirando la cantidad de moratones que tenemos por el cuerpo y la experiencia pasada...

Lo primero que sucedió, obviamente, estamos en Inglaterra, es que en la furgoneta sacaron el pack de 24 latas de cerveza grandotas y a beber todos (menos el conductor, creo). La verdad es que eso es normal entre la gente del país, así que no nos pareció nada del otro mundo. Los adelantamientos, aparte de un poco kamikazes, tampoco nos asustaron. Una vez llegados a Escocia, ya de noche, porque habíamos salido a las 3 de la tarde, lo primero que hicimos, por supuesto, fue ir al pub. El sitio era una cabaña de montaña, muy acogedor, también era hotel, y había música en directo. Estaba hasta los topes, lleno de montañistas, a cada cual con la pinta más profesional (o más ridícula) que te podías echar a la cara. El detalle gracioso fue que nada más entrar nos encontramos con una panda de escoceses en kilt, intentando ligarse a las excursionistas americanas cuarentonas que ya estaban un poco contentillas gracias a la cerveza del lugar.

Unas pocas horas después llegamos al barracón, por fin. Era una casa de color blanco, típica, en un vallecito, cerca del youth hostel. Las literas eran de una verticalidad premonitoria, para matarse. Tenían unas escalerillas hechas con tacos de madera y para subir te tenías que agarrar a unas columnas que eran como troncos de árboles, tan anchas que parecíamos monos – bueno, por lo menos yo, agarrándome a lo ancho del tronco intentando pasar de la escalerilla al segundo piso, en el que íbamos a dormir. La cama muy cómoda, el sitio con calefacción suficiente, la ducha... beh, se puede prescindir en esos casos...

Lo grotesco fue la excursión. Los chicos del grupo se fueron por su cuenta, con todo el equipamiento para la nieve, a escalar un pico más alto, nosotros seguimos hasta un grupo de tres montañas unos pocos minutos más lejos, que serían la ruta fácil. El paisaje de Glencoe es impresionante. Sólo había nieve en el pico de las montañas más altas, pero las demás montañas tenían unos colores increíbles. Variaban según la luz que recibiesen, del amarillo dorado, al marrón oscuro o al rojo cobre. La coloración se debía a la hierba que crece por el lugar, que es como el pelo que cubre a las ovejas, las vacas y los bípedos escoceses. Era una alfombra de briznas largas amarillentas que hacían el suelo agradable. Parecía un colchón abultado pero mullidito que cubría las rocas haciéndolas más acogedoras. Además, había muchos riachuelos que serpenteaban desde la cumbre, desembocando en una especie de “río”, chámalle equis, porque más que río era regato, pero a lo salvaje.

Nosotras nos unimos, almas cándidas, primerizas, al grupo de Duncan, que iba a subir a la montaña facilita, pero vamos, algo tirado, que no iba a ser escalada en serio... la ascensión fue bastante fácil, aparte de ciertos tramos en los que casi era mejor no mirar al suelo. El único problema fue el tiempo. Llovía a cántaros, y hacía viento, y mis pantalones no eran tan impermeables como lo que decían en la etiqueta. El chubasquero que me dejaron iba resistiendo, pero con el agua y el vaho yo no veía nada porque tenía las gafas empañadas, así que al final fui cabeza descubierta. La verdad es que daba igual que llevásemos ropa impermeable en cierto modo, porque sudamos como gorrinos y los jerséis se empaparon de todas formas por el sudor.

Tras algunas horas de subida tranquila, me encuentro agarrada a una roca cubierta de hielo pensando... ¿qué carajo hago aquí? ¿qué sólo queda media hora hacia la cumbre? ¿y toda esta nieve de dónde ha salido? ¿y cómo escalo yo por la nieve? Me sentí como el deportista africano que se presentó a las olimpiadas en la prueba de natación y casi se ahoga porque en su vida había nadado en una piscina tan grande. Pues sí, ahí en medio estaba yo, sin haber visto en mi vida más de un palmo de nieve, tal y como en las pelis. El viento pegándome de lado, yo sin ver un carajo, sin más equipamiento que un hacha de nieve... y lo bien que me habrían venido o unas cadenas de coche o un helicóptero de salvamento...

Decidí no subir hasta la cumbre porque la nube en la que ya estábamos era mucho más densa allí arriba. Casi llego, pero habría sido suicida, además ¿para qué carajo quería yo subir a la cumbre de la montaña? ¿qué hacía yo allí arriba, de todas formas? ¿quién me había mandado subir? Lo único que yo quería era caminar tranquilamente un ratito, caray, y al final me encontré con complejo de gato subido a un árbol en lo alto de la montaña más grande que haya subido jamás, sin ver un pijo y con experiencia cero de caminar por la nieve. Kleine Hexhe se quedó conmigo para ayudarme a bajar, gracias a dios, y Diane, otra de las chicas también se dio la vuelta con nosotras porque la cosa empezó a parecerle demasiado peligrosa.

Pero el cuento acaba de empezar. Nos dice Duncan que vayamos bajando y que ya nos veremos en el coche. Empezamos a descender mientras él subía con otras tres de las chicas. Claro, si te dicen que nos vemos en un rato en el coche... será porque era fácil. Pues nada, curso rápido de cómo usar un hacha y visión cero. Al final acabé quitándome las gafas porque veía mejor sin ellas. Entre el granizo y la nieve cubriéndolo todo... sólo veía un borrón blanco con las gafas, y cuando me las quité por lo menos distinguía las piedras de las zonas nevadas. Empezamos a bajar y tras tener que utilizar el trasero, porque soy una inútil en descenso vertical con hacha de nieve (obviamente), de repente resbalamos Kleine Hexhe y yo... en la bajada se me pasaron miles de ideas por la cabeza, la mejor de todas era ¿y qué nos parará si seguimos bajando así?... mejor no pensarlo. Kleine Hexhe consiguió pararse pero yo no, así que le pegué una patada y seguimos resbalando unos metros más abajo por las piedras. A todo esto mi hacha quedó arriba en algún sitio, pero Diane, que también resbaló, la pudo agarrar por el camino. Que apañadas. Ahí nos ves a las tres, recién paradas no sé cómo, agarradas a los cantos del caminillo, sin saber donde poner un pie. Kleine Hexhe consiguió salir más o menos y Diane también, pero yo, ciega como un topo y viendo que las piedras de debajo se movían no podía mover un músculo.

Pasó por allí un señor / chico / humano aleatorio, porque con mis cuatro dioptrías sólo pude ver como una sombra que ascendía la montaña y nos preguntó si estábamos bien. Joer, en una situación como esa te partes el culo. Acabas de caer rodando por la montaña, estás agarrada en postura psicodélica a una superficie de piedras móviles, y te preguntan cómo te va la vida. Pues no, no estaba bien. Así que nos echó una mano, y amablemente – aquí fue cuando me sentí el ser más inútil y petardo del mundo – nos fue excavando agujeros para que pusiésemos los pies durante unos metros de descenso (no como nosotras, él sí que iba equipado con traje de nieve, y esquíes por si las moscas). Kleine Hexhe iba diciéndome donde tenía que poner los pies (como en el juego de los barquitos... A3, agua), y yo no podía levantar el culo de la nieve porque no tenía suficiente fuerza como para apoyarme en el hacha. En fin, que mi buena colega se portó como dios manda y el tipo se tiró el rollo, como tiene que ser.

Al rato llegaron los que habían subido a la cumbre y Duncan me agarró del brazo y me ayudó a caminar por la nieve. Bueno, caminar, descender por la pendiente sin caer otra vez y parar en una piedra gigantesca o en el siguiente precipicio. La gota que colmó el vaso fue cuando me empezó a entrar agua por encima de las botas, porque se me habían empapado los calcetines al resbalar por la nieve y luego encima perdí el equilibrio al cruzar un riachuelo y fui a caer en la zona más profunda con la pata derecha. A paseo el goretex.


Llegamos hechas un cristo, claro, después de la experiencia. Y yo llegué con el culo y el orgullo magullados. Bueno, no tanto, porque la verdad es que subí la montaña muy bien y mi problema fue el hecho de que en mi puñetera vida había visto tanta nieve junta – y oye, que en el ascenso no había visto que estaba todo nevado, me di cuenta después, resbalando cuesta abajo... ¿quién coño ha puesto toda esta nieve aquí? – y por supuesto ni sabía usar el hacha, ni sabía caminar. Lo de las gafas ya fue el toque artístico made in GranPatranha, para acabar de jorobarlo todo.

Lo que no nos gustó un pelo fue el hecho de que nos dejasen hacer el descenso solas, ya que era nuestro primer viaje con ellos y ya les dijimos que no estábamos muy entrenadas en el asunto. En mi caso, entrenamiento cero. Menos mal que no me puse a llorar y decir “quiero a mi mamá”, porque ya era lo que me faltaba. Más bien me iba partiendo de risa, por dentro, porque era una de las situaciones más surrealistas en las que me he visto nunca.

En fin. Llegamos al búnquer y, tras una cena deliciosa, se fueron al pub todos. Nosotras nos quedamos porque estábamos muy cansadas y encima teníamos las botas empapadas. Cuando regresaron nosotras ya estábamos en cama desde hacía unas horas. Según parece, tuvieron la genial idea de regresar en la furgoneta, y eso que el pub estaba sólo a una milla, y la policía les paró. El conductor iba borracho – inglés, por supuesto – y se lo llevaron a comisaría. Le soltaron a las pocas horas y nosotras no le preguntamos nada porque ya era el colmo de la subnormalidad. Es increíble que hasta los de la asociación de montañeros se peguen un viaje de ocho horas y la escalada para luego poder cocerse a alcohol. En fin. Lo dicho, que yo acabo siendo de la Liga Cristiana contra el Pecado Universal a este paso.

El regreso fueron otras ocho horas de furgoneta. Nada más salir nos pararon en la carretera una pandilla de asaltantes de pega, con los trajes propios (falda o pantalón, al estilo del lugar) y con trabucos, la escenificación fue muy amable por su parte, aunque no pudimos sacar fotos porque teníamos que irnos, qué caray, y queríamos pasar. Paramos en un pueblo en donde según parece estuvo Rob Roy, a unos minutos del bosque en donde el clan de los MacDonalds asesinó al clan de los no se qué o viceversa. Allí comimos en un pub comida inglesa – perdón, escocesa – de verdad: ploughman´s meal, que era una mezcla de ensalada con pan, con salsas variadas, patatas y un trozo de jamón cocido a la sidra... y me quedé sin probar el pudín de manzana y canela.

Que triste de todas formas que no sepa ni el nombre de la montaña a la que subimos. Menos mal que salgo en la mayoría de las fotos (Duncan se acababa de comprar una cámara digital y estuvo dando rienda suelta a su gen japonés) y las pondrán en la página web, de forma que material digital no falta, porque, obviamente, no se me ocurrió sacar la cámara allí arriba... tenía otras cosas de las que preocuparme.

El grupo que hizo el paseo fácil también acabó escalando y haciendo el jíbaro, y acabamos con dos víctimas. Un par de móviles que tragaron agua, el de Duncan y el de Marie, en la cumbre de la montaña. Les hicimos un funeral apropiado, claro. Visto el final de la aventura, he tenido nieve de sobra, para rato más bien. No sé si repetiría una excursión con el grupo de bárbaros éste, sobre todo la de dentro de dos semanas, que es al Ben Nevis, el pico más alto de Inglaterra. Tal vez me apetecería ir a los Lagos con ellos, pero visto su concepto de “facilidad” Kleine Hexhe y yo pensamos que es más fácil y seguro ir solas de paseíto y hacer cosas dentro de nuestras posibilidades. Lo de la policía y las horitas en chirona se lo merecían, aunque sólo arrestaron al conductor, a pesar de ser buena gente, porque realmente pecan de irresponsables. Pero bueno, aquí estoy, escribiendo mi diario, tras haberme pegado un bañito de agua caliente, notando cada uno de los músculos que más sufrieron en la escalada y que no sabía ni que existían... tengo la espalda y los hombros como el cristo de la aurora, y las piernas con unos moratones de lo más fashion... así que tras inmortalizar mi aventura y demostrar con este escrito que sigo viva, creo que me merezco un buen descanso – aunque seguro que alguno o alguna le estuvo rezando al san Pancracio para que yo acabase allí congelada para formar parte de la historia de la humanidad, como el Australopitecus, y que luego me desenterrasen de mi cubito de hielo y me pusiesen en la vitrina de un museo, con unos cuantos quilos de menos pero muchas arruguitas de más.

Labels: , , ,

Sunday, June 17, 2007 

El Diario de Miss González XXVIII

AÑO NUEVO

Hoy es año nuevo, para los chinos, pero viviendo con quien vivo, si no puedes con ellos... únete a ellos, y con qué placer, a todo esto...

Las veladas en Escocia van a pasar a la historia de los perezosos mayores. Tal vez deberían erigir un altar junto al de Homer para Pattygarrett y para mí. Creo que nunca se usufructuaron más unos pijamas. Más bien, en vez de visitar Glasgow he ido de cura de relax. Dormir hasta tarde, quedarse todo el día en pijama, ver la tele, charlar, cocinar algo eventualmente, comer galletas de chocolate, recibir a las visitas en pijama... intentar convencer a las visitas para que se uniesen a la fiesta del pijama, ofrecerle un pijama de ositos a las visitas... asustar a las visitas... Joer, ni que el pobre alemán fuesen varios en uno – como la Trinidad - , pero “las visitas”, léase, Thorsten, acabaron asustadas. Ya se que es una proposición indecente, pero lo de unirse a una siesta comunal no es tan malo. Y además, el pijama de ositos de Pattygarrett se lo ofrecimos con toda nuestra buena voluntad. Lo que él no entendía – mente sajona – es qué tenía de divertido lo de estar en pijama, y es que aunque el hábito no cree al monje, sí que le imbuye de cierto sentimiento, y lo que nosotros queríamos compartir con él en ese momento era el sentimiento del oso perezoso. Pero parece que no le hizo gracia. El humor hispano sigue siendo demasiado salvaje para ciertos tipos nórdicos...

La segunda gracia que se nos ocurrió fue montar una historia para asustar a las francesas colegas de piso de Pattygarrett , léase, que nos encontrasen a lo tres, en nuestros castos pijamas durmiendo la siesta, obviamente en la misma cama, para que luego sus tiernas mentes imaginasen lo peor. Que es lo que se suelen imaginar las pobres en casi todo momento. No se por qué, pero me parece que esas chicas necesitan un poco de sal.

También es digno de mención el pedazo de plato que preparamos al horno, sin tener ni idea de cómo usar el horno (vale, no somos precisamente el emporio de la feminidad tradicional), un pollo con verduritas y patatas que estaba para chuparse los dedos. Sobre todo a eso de las cinco de la tarde, que fue cuando acabó de cocinarse...

El viaje de vuelta bien, gracias, y lo mejor fue llegar a casa y encontrarme a Winnie, mi compañera de piso china, celebrando el año nuevo chino ella sola, e invitándome a cenar con ella típica comida china, básicamente cosas hechas con soja de distintos colores y formas. Vamos, que menuda potra, como el otro día, fue llegar y vencer, porque siempre la pillo cuando ha cocinado, y como cocina para un regimiento y resulta que es una sola... y luego una botellita de vino, discusión sobre las diferencias entre culturas, religiones, blah, blah, blah, en resumidas cuentas, poner verde a los ingleses, y al final, a trabajar para preparar las clases para mañana. No es que tenga muchas ganas de dar clase, pero caray, que me gano el pan así, no hay que ser chupóptera, además, como tenemos los temas bien preparados y bien delimitados, en un plis arreglamos varias clases a la vez.

La semana que viene más... visita a Glencoe, en el norte de Escocia (bueno, no tan al norte, tirando hacia el medio) con el club de alpinismo, a ver si hacen el “grupo B” o “grupo para inútiles” en el que espero me incluyan, porque si no, estoy perdida, voy a dejar el estandarte nacional bien bajo, que mi vida sedentaria no es precisamente buen precalentamiento para una escalada por la nieve... rayos, escalada, yo espero que sea un paseo, si me plantan delante de una pared les digo que les espero abajo, preparando el té.

p.d. en el cambio de trenes tuve tiempo para dejarme el dinerito... a tres libras el libro no está nada pero que nada mal... Milan Kundera, Sylvia Plath, William Burroughs, Truman Capote... ale, que hay que culturizarse, si no acaba una como los de la isla...

Labels:

Sunday, May 27, 2007 

El Diario de Miss Gonzalez XXVII

HOME, SWEET HOME...

Pues sí, al final tendría que haber algún capítulo titulado así después de tanto dolor de cabeza con lo de la puñetera casita...

La cosa al final ha salido como tenía que salir: surrealista. Tras decidir que nos íbamos a quedar con la casa, con un prospectivo cuarto elemento-amigo-de-la-novia-de-David... sucede que... Richard se va a México dentro de dos semanas. Claro, yo cuando me enteré casi mato a David, porque él se olía desde hace algunos días que eso podía suceder, ya que Richard fue a Bilbao a una entrevista de curro. En fin, pilarín. Nada, que justo me entero el día que tenía la entrevista con los de la residencia YWCA, pero no antes de la entrevista, no, sino después... menos mal que al día siguiente aún me tenían guardada la habitación. Hoy, lunes, ya tengo una casita para mí solita, y la habitación es grande (eso sí, la mesa es una mingurria, pero el resto es muy lindo), hay un salón comedor, una cocina limpita, un cuarto de baño idem de lienzo... y las colegas de piso son chinas (ole ole!), he visto hoy a dos, y la cosa pues... suena tranquila, aunque tampoco me apetece soltar las campanas al vuelo... claro que... después de tanto follón con las maletas, eso, que no me mudo más, caray...

Y digo yo... tantas cosas que deben de haber pasado y se me han olvidado todas... los días pasados en casa de Kleinehexhe fueron muy bien, aunque casi no quedamos para cocinar juntas porque tuve muchísimo trabajo esta semana. Vimos alguna que otra peli juntas en DVD, y aparte de compartir la pedazo de cama gigantesca que tiene, poco más. Las otras compañeras de la casa se partían de risa, porque allí todo el mundo se levantaba a eso de las siete – están locos estos romanos, como diría Obelix – y yo, a eso de las diez o así empezaba a desperezarme. Claro, ellas ya vestidas, desayunadas, casi comiendo, tras haber trabajado o hecho cosas productivas... lo que pasa es que no entienden lo sano que es dormir, es la terapia más barata y efectiva, piel fresca y suave todas las mañanas, los nervios reforzados... en fin, ¿qué más se puede esperar de un trabajador eficiente?. Lo que pasa es que en las empresas no se enteran. Si la jornada laboral empezase un poquito más tarde por la mañana y nos dejasen también algún tiempo para dormir la siesta... todos tendríamos mejor cara.

Vamos, que iba a ir España bien de esa manera... y hablando de España. El viernes fuimos a bailar salsa con los españoles (uno se quedó en Glenamara porque estaba enfermo – a estas alturas ya debe de haber muerto de meningitis el pobre, ya le avisamos de que tenía que tocarse las rodillas con la cabeza y que si no podía entonces es que la cosa es mortal), con David ... y su novia!. Qué decepción de tía. Vale, nosotras tampoco fuimos el colmo de la amabilidad, pero como la muchacha tampoco hablaba mucho pues mira, y como estaba con David, pues ale, ya está... eso sí, no lo dejó bailar ni una puñetera vez con ninguna de nosotras. Bueno, con Rachel sí que le dejó, porque como tiene más de treinta años... qué posesiva. Y lo mejor es que hoy Belén me contó que ella sí que intentó entablar conversación con la novia en cuestión – y la susodicha no tuvo mejor ocurrencia que preguntarle a) ¿Qué sabes de David? ¿Lo conoces bien? B) ¿Has venido con él más veces a este pub?... manda rayos, parece del KGB!. Yo socialicé hasta con un japonés que se llamaba Takao (como el “cacao” con T, me dice, el alma cándida), bailé con un tipo árabe, un señor bajito y medio calvo pero que bailaba bien. Y Juan... Juan hizo el espectáculo del siglo. Le dijimos que era muy facil ligarse a las inglesas del lugar si ibas tipo amante bandido latino... pues se lo tomó al pie de la letra y no se le ocurre mejor cosa que vestirse con una camisa blanca, con el cuello subido y el botón de rigor desabrochado, con el pelo engominado. Y eso de bailar salsa... más bien era una imitación barata de Ricki Martín... pues nada, bailando, bailando con Katrin, le soltó a la pobre mujer... “I like you” y ella, con su filosofía y porte de Baviera casi se le muere de risa en el sitio... creo que le comió la moral, después de esta; celibato. Pobre hombre...

Y visto que no hay más incidentes, y que si los hay me he olvidado de ellos, me voy a dormir un ratillo, que he estado de cháchara con la malaya de mi piso, que se llama Winnie (como "the Pooh", no como el cacao...) y ya son las tantas in da morning... y mañana madrugo, lo prometo, palabrita... y a ver si el finde que viene me voy a Glasgow, que hay reading week en el instituto y no tengo clases de pintura... yupi, así le daré un poco de apoyo logístico-psicológico a Pattygarrett con las francesas, que la tienen frita como a un picatoste.

... Si es que ya tenía ganas, de titularlo “Home, sweet home”...

Labels:

Sunday, April 29, 2007 

El Diario de Miss Gonzalez XXVI

SQUATTERS

De eso estoy ahora, de Okupa en casa de KleineHexhe... La habitación al final se la quedó un chaval que, a todo esto es Español, y al que hemos estado echando una mano... Primero, en vez de irse al Bed and Breakfast durante los tres días anteriores en la mudanza, ya que casi llevaba una semana pagando un clavo, le dejé la esquina de invitados, y la habitación estuvo como un caos. Entre mis cosas preparándose para salir y las suyas para acomodarse aquello parecía un campo de batalla. La verdad es que fue divertido tener compañía, la casa hasta parecía más acogedora... pero no se si pensar si el chico es simpático o es pesado... porque no para de gastar bromas, jo, creo que ya se me ha quitado la costumbre del modo de vida español. Beh, será porque es de Málaga y yo del otro lado de la península.

Ahora que él tiene casa estoy yo de tránsito. Es una situación agradable, como si estuviese de vacaciones, en una casa muy chula, con gente que conozco y me cae bien... aunque lo que ya no es tan divertido es estar esperando qué carajo pasa con la casa. Encima, David ha hecho de las suyas. Le dí el teléfono de la agencia para que llamase el Lunes y se fue al bar “un momento”... a las dos horas voy a buscarle y estaba saliendo, avergonzado, del pub al que solemos ir los del departamento, obviamente ya era demasiado tarde para llamar... El martes, léase, ayer, no pudimos arreglar nada porque nos faltaba el tercer elemento, Richard, y no encontramos al tipo de la agencia. Y aún nos queda por solucionar lo del cuarto elemento, un amigo de la novia de David, que según parece se querría mudar con nosotros pero en Marzo... él sabrá. No me importa mucho pagar un poco más este mes ya que me he ahorrado una semana de alojamiento y encima me van a devolver el dinero de la residencia (estuve pagando los dos últimos meses por adelantado)...

De fiestas y salidas nocturnas no tengo mucho que contar. El fin de semana pasado me lo tiré todo en casa de Kleinehexhe viendo videos y DVDs, y ahora de pronto ya es miércoles y estamos en el medio de la semana, a punto de acabar el mes. Ayer fuimos a ver Monsoon Wedding, una película hindú, con uno de los chavales que han llegado de Jaén, un chico que se llama Paco que es como un peluche. La verdad es que es un chiquillo tranquilo, callado, un poco lento, pero que se apunta a todo tipo de bombardeos (me parece que con tal de alejarse de su colega jienense y del chaval que está en mi piso, que son como el hambre y las ganas de comer y que cuando se juntan se marujizan a la máxima potencia...). El pobre no se enteró de nada (yo tampoco en la primera hora... caray cómo hablan estos hindúes), pero a mi me pareció una película difrente, aunque no repetiría, como en otras del tipo Señor de los Anillos.

Esta parte del diario va a quedar un poco aburrida, porque lo único que he hecho estos días ha sido: comer chocolate y trabajar. No fui a clase de pintura el lunes (a todo esto, el pobre modelo ya casi ni se me acerca porque le pongo cara de perro... jo, no debería ser tan mala ¿no?, beh, yo que se) porque tenía que preparar la entrada del semestre. Como me estuve rascando la barriga y haciendo terapia de sueño el resto de las semanas anteriores, pues ahora a currar como una negra. Además, el viernes tuvimos el día de los estudiantes de instituto, que venían a ver cómo funcionaba la universidad, y las españolas nos tuvimos que tragar el marrón porque a las francesas no les salió del ***** ayudar y las alemanas no estaban al tanto. Todo el día guiando niños de un edificio a otro, y lo mejor de todo... NEVÓ... cayeron unos copitos como de algodón que lo cubrieron todo en silencio, no como la lluvia que hace un estruendo de la muerte, y ni siquiera hacía demasiado frío. Está claro que es la primera vez que veo nieve desde hace mucho tiempo, así que si hubiese continuado nevando todos los días lo que oiríais ahora sería una sarta de improperios contra el frío y la cosa blanca. Pero no, sólo nevó ese día. Volviendo a lo de los niños. Dirigí muy bien pero mis clases creo que fueron un coñazo. Y encima, en el bufete, que por cierto, parecía de comida de perro, se colaron los tres españoles dicharacheros para vergüenza nuestra... se nos acercaron y les dijimos que no les conocíamos, y es que nuestra jefa les echó una mirada... de esas que no hacen amigos precisamente...

En fin. Hoy tengo un día apretado de clases y reuniones, y estamos ayudando al departamento de geografía para arreglar una excursión que van a hacer a España en dos meses, a ver si nos dan algún dinerito, que se agradecen las aportaciones para la causa.

Labels:

Thursday, March 29, 2007 

El Diario de Miss Gonzalez XXV

FLATSPOTTING

Bien, vida social 2 - 0 a mi favor. El domingo fui de rebajas (ay, que dolor de Visa) y me llamó Kleine Hexe para ver una película aleatoria y resulta que al final la película estuvo bien y todo – y eso que trataba de fútbol. El título: Mean Machine, a saber cómo la traducirán al castellano. Pero lo que sí que fue un golazo fue el plan del lunes. El Tuxedo Princess; el barco de la caspa y de la fiesta.

Habíamos quedado para una noche de "todo chicas". Llamamos a Jane, una de las profesoras part timers, que está casada con Patrick (un chaval americano que es de lo más sociable, obviamente, porque no es inglés, sino que viene de esa nación cuyo presidente casi se auto magnicidia comiendo un pretzel, en fin...), y quedamos con ella también. Así que íbamos las tres españolas y la profa, que también sabe castellano... Las chicas llegaron tarde, me lo merecía, de todas formas, por todas esas veces que han tenido que esperarme... pero cual no sería nuestra sorpresa cuando nos encontramos que en vez de Jane... viene Patrick sólo, ale, porque le apetecía ir a la discoteca y Jane se quedó trabajando.

Aparte del corte que pasaron las chicas al principio, la discoteca mereció la pena. Yo me olvidé de las pelas así que le tuve que gorronear las dos libras que costaba la entrada a Belén y la libra del perchero a Patrick. Tal vez fuese una estrategia inconsciente para no gastar dinero ni beber ni cosas de esas.

La discoteca, a pesar de oler a pies sudados, porque, cómo no, tenía todo el suelo forrado de moqueta, y ya os podéis imaginar cómo acaba tal moqueta en un ambiente como ese... estaba muy bien. Era como el “barco del amor”. Uno iba de una cubierta a otra entrando en distintas salas, en total unas ocho o así, que eran distintos ambientes y en donde se pinchaban distintos tipos de música (aunque al final de la noche, por mucho que cambiases de sala la música era la misma, así que supongo que tendrían una cinta estándar que irían rotando de una habitación a otra para ahorrarse la molestia). Una de las salas más divertidas era la cubierta de abajo, que tenía una pista giratoria (ojo, que aparte el barco estaba ligeramente ladeado, a lo que hay que añadir el punto de gravedad tipo torre de Pisa que a eso de la una de la mañana llevaban los ingleses y las inglesas de turno). En fin, muy bonito, a Rosa le asaltaron el trasero ligeramente y a las demás, aparte de mirarnos con cara de salidos (o de “caray, a ver si consigo fijar la vista, que la veo doble”), nos respetaron bastante. Por otro lado, Patrick se quedó alucinado ya que íbamos saludando a todo dios... digamos que el grueso de nuestros alumnos de primer año se encontraba allí... ahora puede que seamos las “profes guays” o las “profesoras ridículas que se meten en una discoteca de jovencitos y encima se creen que bailan bien, so payasas”. Ya se verá cuando empiece el trimestre... de todas formas siempre nos queda en la manga el as de la coacción al alumnado.

Lunes, ah, lunes. Pues sí, la clase de pintura. Sobreviví. Pintamos al modelo de siempre con una bicicleta. Se había rapado el pelo (digo, el pelo que le quedaba) y ahora parecía un chupa chups. Creo que soy un poco mala. No debería comportarme así sólo porque sea un poco demasiado plasta conmigo... jo. ¿O será que está siendo simpático pero que yo estoy tomando maneras inglesas porque ya nadie es simpático conmigo? Noooo, eso sería muy triste, y mi vida aquí puede ser de todo menos patética... vale, uno mismo no sabe si su propia vida es patética o no, a ojos de los demás, pero mientras no sea ante mis propios ojos, no rayará el patetismo. Prefiero llamarlo surrealismo jocoso...

Hoy fui a buscar pisos con David. Menuda experiencia. De una agencia a otra y al final sólo encontramos dos casas, y no precisamente baratas ni cerca de la uni. La una, que vamos a ver mañana, está al lado de la casa de Ken, el modelo de pintura (sic... si es que me tenía que pasar algo así), y la otra está por aquí al lado, cerca de la casa de Kleine Hexe, pero es un pelín cara... ya veremos. Creo que nos va a tocar estar al acecho de la oferta, como ávidos cazadores de pisos, y más nos vale ponernos las pilas porque tal y como está el cotarro, si to te clavan los de la agencia, te clavan los dueños de los pisos y si no te clava el "concello".

Manda huevos... o "send eggs"

Labels:

Saturday, March 10, 2007 

El diario de Miss Gonzalez XXIV

MUJERES

Escribo desde mi madriguera, con el sonidillo de fondo de la vecina de al lado, que le ha debido de pedir prestado algún CD al ruso, taladrándome los oídos. Según parece, ahora a todo el mundo le va a dar por el Hardcore... a ver si me mudo (en ello estoy). A pesar de todo, esta semana ha transcurrido tranquila, con una media de sueño de unas doce horas por día, que se vio fomentada por mis nuevos tapones de oídos que son una gozada... ¡Vivan los Oto-Tap! (no me han pagado por el inciso publicitario).

Como no hay casi nadie por la universidad, y encima los alumnos están de exámenes y nosotras en eso no entramos, en el despacho se está de maravilla. A falta de los otros cinco miembros de la congregación, dos ordenadores entre cuatro son un número muy apropiado. Por la sala de profesores, templo sagrado de reuniones, andan los de siempre. Peter, más conocido como Finnegan (porque ciertamente empieza a hablar sobre una cosa y se monta a raíz de ella tales digresiones que no hay quien le siga; a lo James Joyce), algunos que otros part-timers, y aquí una servidora con sus compañeras.

La rutina diaria hasta hoy ha sido reunirse para cocinar. De aquí lo de MUJERES. Si en su momento Peter nos tomó el pelo llamándonos “Earthly motherlike figures”, resulta que ahora nosotras nos tomamos esa fama al pie de la letra. Entre los platos típicos alemanes y los típicos españoles, me parece que en este mesecito de inactividad, vamos a volvernos como las venus prehistóricas. Bueno, yo por lo menos, ya que soy la única que no lleva una vida sana de gimnasios, saunas y demás actividades mortificantes a las que llaman deporte.

Otra de nuestras rutinas típicamente femeninas es el cotorreo, cuando nos juntamos adquirimos unas maneras a lo Bridget Jones que no hay quien nos aguante... El pobre David, que nos llevó hace dos días a Ikea y a Asda y salió escaldado tras toda una tarde de compras (ojo, que fue él quien se ofreció, en ningún momento hubo coacción por nuestra parte para usufructuar el coche de su hermano). Pero es que nos lo puso a huevo. Entre el asuntillo de su nueva novia, que tiene tela, y el de esa misteriosa lesión en sus partes que la doctora tras mucho auscultar no encontró... ¿cómo no vamos a encontrar correlación (y mucho más) y aprovecharnos por tanto de ello? En fin, el hombre va capeando el temporal. Y es que yo creo que nos come la envidia, porque según parece a él le caen las tías del cielo, y a nosotras más bien nos caen los bichos raros ... ¡Caray, que somos mujeres y tenemos la lengua muy afilada!

Estamos buscando piso todos juntos. Sí. David, Richard, Katrin y yo. Creo que el pobre David no ha podido decir que no; me parece que no es precisamente el sueño de su vida vivir con las dos tías que más se meten con él en el mundo mundial. Pero oye, también se puede meter él con nosotras, tiene carta blanca, que la confianza da asco... Bueno, y otro de los factores es aquí la menda, que cada día se parece más a Homer Simpson (así me gusta, afirmando mi feminidad)... si vieseis mi habitación. Hombre, con eso de la mudanza tengo la excusa de que no me apetece recoger todo lo que está en el suelo, sacando la cabeza, brazos y piernas de la maleta abierta de par en par, porque en unas semanas tendré que volver a empaquetarlo para mudarme... Tal vez se me esté pegando la conducta de mis adorables vecinos. Bueno, que si encuentro casa bien, y si no, pues a colgar la nueva decoración de luces de navidad aquí en la pared de al lado, qué remedio.

Como veis, aparte de las actividades típicamente femeninas (funciones de nutrición y acicalamiento, porque estamos de rebajas y hay que buscar cosas monas), distribuyo el resto del tiempo entre las funciones más esenciales y comunes tanto al género humano como a los animales (bueno, si eliminamos la función reproductora). Aunque hoy, por cierto, me sentí inspirada y he comenzado una serie que se va a titular “Kitchen Love”, unas ilustraciones con textos que, cómo no, tema recurrente, tratan sobre la COCINA (como espacio en sí, no como verbo de cocinar), tarea intelectual que me alejará de mis instintos más básicos de pereza intrínseca.

En cuanto a vida social... podríamos multiplicar el concepto por cero. Aunque ya he montado una excursión para el lunes; vamos a ir al Tuxedo Princess, la discoteca más precaria de Newcastle, ¡pero hay que verla! Está situada en el barco que está amarrado debajo del puente y según parece tiene una pista giratoria. Además... el lunes es día de descuento, y tengo que lucir todo el vestuario que me he traído de España... Todo sea por olvidar el último atropello (por no decir evento) social del que salí escaldada: el bar de tapas, donde al camarero se le dio por reconocerme. ¿Os acordáis del tipo que me sacó a bailar en el club de Salsa? ¿Os lo he contado? Obviamente yo ni me di cuenta de quién era hasta ya tarde, por qué? Resumo: el tipo este es un chaval negro que iba vestido de negro en un local ciertamente oscuro (con paredes negras), al que pisé los dedos de los pies (no de las manos) durante diez minutos hasta que se hartó y el cual, jactándose de ser cubano, no se creyó que era española hasta que le pegué cuatro berridos en castellano (que se merecía por sobón). Pues sí, más bien me reconoció él, para mi verguenza, obviamente, y adivinad quién me ha dejado una tarjetita que va a acabar al lado de la tarjetita del modelo de pintura del cual ando huyendo desesperadamente. A veces las mujeres como mejor estamos es solas.

Labels:

Sunday, February 18, 2007 

El Diario de Miss Gonzalez XXIII

Edimburgo glacial, la oveja pintoresca y las turistas borrachas. Medidas desesperadas para las mendas desesperadas. Planes de Diciembre.

4 Diciembre 2001


Querido diario, como siempre, esta semana la he pasado de clase en clase, y juerga en el pub con los del departamento (oh, y tambien fue el cumpleaños de Katrin, la lectora de alemán, el mismo miércoles, así que tuve que ejercer de maga de las rebajas y por un precio módico le encontré un monedero – violeta, cómo no – y un libro para niños escrito por Robert Louis Stephenson en edición facsímil... en fin, que no se me da mal la cosa).

Pero vamos al grano. El sábado cogimos el tren hacia Edimburgo, llegamos allí en dos horitas, vamos, que está a un tiro de piedra, y dejamos las cosas en el hostal. Nos alojamos en el youth hostel que está al final de Princes Street, más allá del castillo, y es una chulada. Es una casa victoriana (o edwardiana? creo que no distingo los estilos) con un salón de color rojo muy acogedor con sillones reclinables y un precioso árbol de navidad. Ciertamente aquí ya tenemos todo decorado y ya se están haciendo las compras de navidad, es increíble. En cambio en España lo celebramos más del veinticinco al siete, pero aquí los isleños llevan desde noviembre cantando villancicos.

En fin, para no desentonar, dedicamos el sábado a las compras. Bufandas de cuadros escoceses para toda la familia, crema de whisky para los papis (y otra botella para nuestras cenas, que te crees que nos chupamos el dedo...). Fuimos de tienda en tienda, gochoneando todo lo que encontrábamos a nuestro paso. En la tienda de whisky nos bebimos dos chupitos “de gratis” de la susodicha crema (que estaba para chuparse los dedos, y no veas que bien nos sentó para sobrevivir al frío de la calle). Luego nos fuimos al mercadillo alemán de navidad, una monada, Katrin estaba alucinando, todo productos de la tierra pero a precios de la isla (vamos... lo que más comúnmente se llama un atraco). Salchichas alemanas, dulces alemanes, adornos alemanes, y vino alemán de navidad, el Gluwine o como se escriba. Es como el que hacen en Galicia, vino caliente con especies, que también, lógicamente, nos vino de maravilla para seguir luchando con el frío (aunque he de reconocer que tras el par de chupitos ya no teníamos frío en absoluto y lo del vino fue de vicio), y encima daban Spekulatius gratis con el vino, con lo que nos pusimos hasta arriba de esas galletitas. En la siguiente tienda, la de las tazas, daban pruebas gratuitas de café, de té y de vino caliente (Mullwine), y como nosotras nos habíamos quedado con las tazas del vino alemán, nos dedicamos a ir de termo en termo probando de todo un poco y encima más que nadie y en taza decente (no en los vasitos de poliexpan asquerosillos que dan por ahí)... eso sí, también compramos un par de tazas, para que luego no digan...

La siguiente parada fue en una librería y arrasamos con todos los libros que estaban a una libra. Me compré “La importancia de llamarse Ernesto”, “The secret garden” y otra de Shakespeare de cuyo nombre ya no me acuerdo... hummm, y luego nos compramos una botella de vino y un paquete de galletas de chocolate para hacer amigos en el salón del hostal, en donde estuvimos vegetando durante un par de horitas mientras veíamos los típicos programas de “cita a ciegas” y demás basura... adorable.

La habitación estaba bastante bien. La compartíamos con una chica de Sudáfrica y otra de Hungría, y otras dos a las que no vimos hasta la mañana siguiente que a saber de dónde eran. Las literas muy cómodas, eso sí, subir pude subir, pero bajar me costó un huevo. Encima, las sábanas que te dan en el hostal son tipo saco de dormir y aquí una servidora, con sus maravillosas dotes acrobáticas, consiguió enrollarse en la maldita sábana de tal manera que no pudo moverse en toda la noche ni para sacar un brazo al aire...

El domingo fue un poco duro porque de nueve a nueve tuvimos que cargar con las mochilas llenas de regalos bajo el frío helado de Edimburgo. Frío helado no es una redundancia, no, es una verdad como un puño. Manda narices, y eso que íbamos forradas tipo oso polar, pero un poco más y nos nieva en la cabeza.

Vimos el castillo. Un timo, siete libras y media, vamos, ni el Mont Sant Michel vale tan caro. Menos mal que el guía era un pavo muy simpático, porque nos llegamos a quedar con el cassette que te dan a la entrada y nos da el yuyu. La vocecita escondida en el cassette opción alemán seseaba, y la mía, opción castellano, parecía que se había metido unos cuantos chutes, que iba a empezar a saltar de un momento a otro o que iba a desmayarse en el sitio. El guía, cómo no, nos contó los mismos chistes que luego tuvo que repetir al siguiente grupo, beh, gajes del oficio, y a pesar de que no era un monumento escocés en sí, tenía un acento muy típico, y, cómo no, pantalones de cuadros escoceses (que por cierto, son el uniforme oficial de todos los encargados de museos, palacios, castillos y demás).

Tras pelarnos de frío en el castillo y reposar en el bar, vimos la procesión saliendo de la catedral – ya que era el día del patrón, Saint Andrew – que era cuanto menos pintoresca. Aquello consistía en una comitiva de ancianitos (parecía que estaban paseando a los más viejos del lugar, y digo paseándoles porque necesitaban ayuda casi todos) vestidos con togas negras y sombreros de plumas, precedidos por una especie de chambelanes vestidos con atuendos de colorines tal como las cartas de Alicia en el país de las maravillas (sí, la baraja de naipes que tenía que pintar las rosas de color rojo para que la reina de corazones no les cortase la cabeza).

Tras eso, nos fuimos a los museos. A la galería nacional y a la galería de retratos. Los dos magníficos y gratis (y encima pudimos dejar las mochilas en el guardarropas). Lo que no pudimos dejar y tuvimos que llevar en brazos con nosotras – bueno, en la calle también la llevamos en brazos, lo cual despertó mucho interés por parte de los lugareños – fue a la ovejita que Katrin usa para dormir. Es su primer muñeco, y ya tiene 24 años, vamos, que la pobre oveja ha perdido mucho xeito, y sin ella no puede dormir. No nos cabía en la mochila así que la paseamos por todas partes y la culturizamos, cómo no, ya que la entrada para ella fue gratis a todas partes (que envidia, y encima no tenía que llevar mochila).

La galería de retratos fue la que más me gustó. El hall estaba decorado con un espléndido árbol de navidad y con luces, cuyo reflejo resplandecía en los mosaicos dorados del techo, una maravilla, aquí sí que saben decorar en estas fechas (algo bueno tengo que decir, ¿no?)... la pena es que todo cerraba a eso de las cinco y tuvimos que hacer tiempo hasta las nueve, hora en la que salía el tren... así que nos llevamos a la oveja a una taberna típica a tomar la cena (qué bien nos supo, cómo la necesitábamos, la cena digo, no a la oveja). Nos perdimos la cabalgata pero no nos dio mucha pena, porque lo poco que vimos de ella era bastante cutre....

En fin, y de vuelta a casa, clase de pintura. Otra vez, modelo desnudo y pintar y pintar y pintar. Yo no estaba precisamente despierta (sobre todo tras haber pasado todo el domingo acarreando la mochila de montaña llena a reventar), pero me quedaron bastante bien los cuadros. Lo gracioso fue que el modelo en el descanso ya había “previsto” y me había pedido un chocolate (porque la última semana su “previsión” fue que necesitaba un café, y te podrás imaginar como acabé yo tras el café, que me pone enferma)... en fin, yo no se qué me habrá visto pero me parece que le he caído en gracia (tal vez demasiado, oops), así que me pidió el teléfono y que me llamará para quedar a tomar algo. Se me hacer raro porque no suelo quedar con tipos a los que he visto desnudos con anterioridad... Pero no creas que es un modelo tipo el ex de la Cañadas, no, hija, es un modelo de pintura, vamos, que es mucho mayor que yo y calvito, de ahí el pitorreo que se llevan mis compañeras con mis conquistas (súmale al ruso asocial de mi piso, que cuando se emborracha muestra un inusitado y pegajoso interés por mí, sumándole el hecho de que es menor de edad)... “estoy haciendo amigos”... Ale, además, Ken, que así se llama el modelo, me contó que el profesor de pintura hace surf, pero surf de alto riesgo, vamos que es más burro que un arado. Mi profesor de pintura tiene unos cuarenta y tantos años, lleva el pelo a lo hippie (como yo pero en gris, vamos, que no se ha cortado los rizos en mucho tiempo) y luce una barba a juego también medio rizada y grisácea... y claro, yo no me lo imagino de hacha del surf luchando contra las olas... Según parece le pegaron la afición sus hijos, que surfean desde hace más tiempo pero no en sitios tan peligrosos como él...

Hummm y poco más. Estamos ya todas esperando con impaciencia el baile de navidad, porque, quieras que no, nos hace mucha ilusión. Yo nunca estuve en un baile y puede ser divertida la cosa (bueno, más le vale porque nos cuesta catorce libras la bromita, y según parece es barato). No iré de vestido (aunque sería gracioso vestirse de gala, ya que en España nunca hay ninguna ocasión para ponerse esas cosas ridículas que no te pondrías en el resto de las situaciones), pero a ver si me voy a la tienda de rebajas y me compro algo chulo, para lucir el palmito...

Bueno, creo que no me dejo nada en el tintero, esta es la última hoja que escribiré por este año ya que andaré liada y lo primero que pienso empaquetar es el portátil (para no trabajar). Espero celebrar la navidad en casa como Dios manda, comiendo empanada en vez de los rollitos esos de salchicha que seguro que nos ponen en el fiestorro...

Labels:

Saturday, January 20, 2007 

El Diario de Miss Gonzalez XXII

Sábado, 24 de noviembre de 2001

De la voz del artista, la salsa surrealista y el pollo verde. David hace de santo y de las santas de mis compañeras pensando que aquí hay tomate. Granpatranha saca un cero en las labores del hogar.

Bridget Jones. Ayer fue el día Bridget Jones. Argh. Veamos, que me acuerde. Me pasé todo el día currando, ya repuesta del concierto de heavy y de todas las vicisitudes diarias, y después estuve estudiando para el Proficiency, que lo tengo dentro de dos semanas (quien me mandaría).

El plan estaba claro, ir a bailar salsa, pero manda rayos, para encontrar a David casi nos quedamos calvas, a fuerza de e-mails conseguimos quedar el viernes por la tarde para hablar de a qué hora quedábamos y tal, pero a mi el concepto de “tarde” (léase, afternoon) en este país no me acaba de cuadrar, porque puede ser desde las doce hasta cualquier momento indefinido. Cosa bastante molesta cuando estás esperando. Nah, al final me lo encontré en la puerta cuando me iba a estudiar y todo quedó arreglado para las ocho (horas intempestivas). Pero no creas que perdí el tiempo. Katrin y yo nos fuimos a la inauguración de la nueva exposición de la galería de la uni. Unas pinturas de un noruego muy bonitas y muy tristes y oscuras ellas, con representación oficial de la embajada noruega, con charla aburrida del típico burócrata que dice “Porque el autor piensa... porque el autor pretende... porque el autor quiere expresar...” mientras ves al pobre autor / pintor al lado, de florero, sin decir lo que en realidad piensa, pretende, o quiere expresar con sus cuadros. En fin, la voz del artista, que se oiga bien clara a través de los órganos oficiales. Nada, que resulta que daban vino gratis, y a falta de pincho de tortilla cayeron dos copitas, y Katrin y yo, que habíamos ido por pura racanería (y caray, qué bueno estaba el vino, oye, se gastaron su dinerito), pasamos una horita allí muy amena, poniendo verde a la gente y bebiendo “de” gratis.

Luego llegamos tarde – culpa mía – a la cita, pero por fin conseguimos llegar al pub de salsa. Lo bueno del sitio es que te dan clases primero y luego bailas (también hay de tango). Lo malo es que hay gente que baila demasiado bien y realmente no te vas a poner a hacer el mono entre ellos, si un poco de decencia te queda en el cuerpo. Menos mal que el pelirrojo sabe bailar salsa y nos estuvo guiando por turnos (porque, oh inteligencia, éramos dos chicas y un chico, vamos, un trío irreal para bailar salsa).

Bien. Se acabó la fiesta a las dos, y David se tenía que quedar en casa de una o de la otra porque no le quedaban buses. Me tocó a mi, porque iba a cocinar, y ahí empezó todo. No te montes una historia romántica, que lo mío fue de comedia. Lo que yo pretendía hacer a las dos y media de la mañana, con o sin invitado era a) la colada y b) la cena. La colada era básica porque no me quedaban toallas. Pues nada, a las dos y media me doy cuenta de que el jabón lo tiene mi compañera Belén. La hemos cagao bacalao, ya no pude ni ofrecerle una ducha de buenas a primeras. En fin. La cena, por los pelos, porque tenía la despensa medio vacía. Nos pusimos a cocinar, y este que es como un crío y me pone de los nervios me intentaba ayudar, pero yo soy una petarda en la cocina y quiero hacerlo todo a mi manera, así que las conversaciones fueron desde “¿echo ya el pollo? – no - ¿lo echo ya? – no - ¿por qué? – porque a mi me da la gana” (y voy y echo el pollo... anda que yo también menudo elemento soy). Yo cándidamente pensé que los guisantes tendrían cierta consistencia, como en España, en donde el material en cuestión suele ser redondito y, además de verde, tirando a durillo o por lo menos de geometría estable. No se me ocurrió mejor idea que echar los guisantes nada más echar el pollo. He de admitir que aquí David tuvo razón al quejarse, porque a los dos minutos el pollo comenzó a adquirir una tonalidad verdosa que daba asco, ¡los guisantes estaban despintando!. Bien, sabes la escena en la que Bridget Jones mete la verdura a hervir con un cordel azul y le queda azul, pues igual me sentí yo. No sólo mi habitación y mi casa estaban hechas una pena, no sólo no le puedo ofrecer una ducha ni una cena más decente que pasta con verduras y pollo congelado, sino que encima voy y tiño el pollo de verde. Menos mal que como ha vivido en México y tiene el país entre ceja y ceja, se quedó tan contento porque parecía guacamole. Sabe dios, aquello era más bien engrudo verde con pasta y pollo conjuntado.

Luego, la discusión de media hora, yo diciéndole que durmiese en la cama, que yo me quedaba con el saco, y él que no. Y va y se planta en el suelo con ropa y todo, sin saco ni puñetas, a dormir. Casi lo mato. Al final quedó la cosa en que él dormía en el suelo con el saco y la almohada (me costó diez minutos convencerle de que la aceptase) y yo en mi camita. Otra charla surrealista. “Voy a tener frío – no, David, no lo vas a tener – que sí – que no – que sí – que te digo yo que no, que te metas en el saco – que sí – vale pues pongo la calefacción”. Puf, el pobre casi se asfixia, porque la habitación esta es la leche, si pones la calefacción durante la noche te deshidratas y si encima hay dos personas durmiendo ya es para más INRI. En fin, un show. Y a lo tonto a lo tonto nos acostamos a las cinco casi.

Hoy por la mañana había quedado con los de la Uni y Katrin para ir a un mercado navideño alemán, a las once menos cuarto. Bien, la boba de Granpatranha se tomó con mucha tranquilidad lo de llegar a su hora, y por supuesto, llegamos un cuarto de hora tarde. Primera metedura de pata, nos encontramos a Belén por la calle, y claro, al vernos así por la mañana, “con cara de felicidad” (como me dijo ella después, caray, no se de dónde sacaría la cara de felicidad, tras dormir sólo cinco horas, no poder ducharse y yo sentirme como la anfitriona más cutre del mundo mundial), pues nada, se pensó que había tomate y más. Menos mal que Katrin es discreta y no dijo “Oh, Granpatranha se ha quedado dormida, vámonos, que estaba David durmiendo en su casa”, así que por ese lado no va a haber cotilleos y a Belén ya le conté yo la historia. Pues nada, como no hubo mercadillo, nos fuimos a tomar un cafelito, de rebajas (con lo que se ahorró de taxi se compró unos vaqueros, cómo es este país), y a comprar comida (que aquí la menda tenía la despensa vacía). Me ayuda con las bolsas y cuando nos despedimos, tachán, aparecen como por arte de magia las tres lectoras francesas. “¡Hola, qué tal, qué haceis!” ehm... nada, volver a casa... ejem, ejem. Vaya una conversación de besugos. En fin, a ver el lunes que cachondeo me cae encima. De todas formas estas situaciones me parecen muy divertidas, si hubiese algún tipo de interés por alguna de las partes sería de lo más vergonzoso, pero cuando no es así, es increíble ver la revulsión sociológica a pequeña escala que cierto tipo de detalles causan en el entorno, a ver cuánto tarda el rumor en llegar a mis oídos por parte de la persona menos esperada.

En fin. Está claro que el próximo día David se quedará en casa de Katrin, que por muchas toallas que yo pueda ofrecerle es mejor anfitriona que yo.

Labels:

Sunday, December 17, 2006 

El Diario de Miss Gonzalez XXI

Ayer tuve la genial idea de ir a un concierto de NAPALM Death. La primera sorpresa que me llevé fue el hecho de que en la entrada hubiese una cola de mucho cuidado (hasta había gente pidiendo entradas de reventa, joer, si lo llego a saber se la vendo por el doble de precio). En fin, comenzamos, crítica general... la cosa no estuvo mal, en realidad fue muy divertido – sobre todo como fenómeno sociológico sobre el movimiento descontrolado de masas por inercia colectiva – pero fue divertido hasta que el grupo en sí empezó a tocar.

Entre la gente del público había de todo. Desde las típicas tías guays de “aquí no hay nadie más heavy que yo” hasta los típicos chavalines de doce o trece años, con las camisetas negras, el pelo engominado a lo nuevo punki y hasta había alguno con la cara pintada. Claro, tu ves a estos chavalines flipándolo solos entre tal marabunta de melenudos y de tíos a los que no les hacían falta los pinchos para dar miedo y se te enternecía el corazón. Sobre todo cuando intentaban meterse en el grupo del centro, donde estaban todos bailando, o cuando se ponían detrás de algún tipo grandote que estaba dando cabezazos e intentaban emularlo. Claro, como estaban mirando cómo se tenían que mover, copiando al personal, pues quedaba de lo más ridículo, ya que perdían el ritmo y parecían pingüinos intentando tocarse las puntas de los pies con el pico.

El primer grupo de teloneros fue malísimo. Su música se componía, básicamente, y como es de esperar en tal tipo de eventos folclóricos, de gritos. El problema no era ese, sino que el pobre cantante no sabía gritar, y parecía que se le iban a estallar las venillas del cuello en cada chillido, y encima, el chillido en cuestión no es que quedase ni muy estético, ni muy rítmico ni, por qué no decirlo, muy alto. Una triste copia de Kurt Cobain con toques de Pantera descafeinados.

El segundo grupo fue magnífico. He de admitir que fueron tan buenos que pensamos que eran NAPALM Death. Pero no. En fin. Era una banda de chavales jóvenes cuyas canciones no sólo tenían un ritmo muy bueno sino que encima sabían mover al público (y eso que para mover a un Inglés hay que echarle ánimo...). El cantante se los llevaba a todos de calle y soltaba unos gritos, gruñidos y chillidos muy harmónicos - además, estaba como un tren. En ese momento creí ver la luz y que me iba a empezar a gustar de nuevo el Heavy Metal. Eso sí, en cuanto a lo de la "danza tradicional" el público no seguía las reglas que yo creía conocer – al menos en España. La cuestión es que se supone que te metes en el mogollón y te dedicas a empujar al prójimo, pero no se permite utilizar agresión directa (patadas, puñetazos, cabezazos) sino que se usan los hombros, y se empuja, salta o patalea rítmicamente. Nada, estos ingleses lo hacen todo a su manera. De ritmo nada, no había ni uno saltando a la vez que otro. Claro, es que no saltaban, es que estaban pegándose puñetazos y patadas como dios manda. Una pena, más de uno se daba la vuelta sofocado, con cara de cabreo y se dedicaba a buscar entre la multitud al cabrón que por detrás le había dejado medio KO. Una servidora, obviamente se dedicó a observar el espectáculo desde lugar seguro y relajado, no fuese a ser...

En fin, que terminó el grupo en cuestión y de repente suben al escenario una pandilla de melenudos decrépitos de melenas con las puntas abiertas. Y yo pensando ¿Qué hacen los técnicos de sonido subiendo al escenario y tocando los instrumentos?. No, no era una prueba de sonido, ni mucho menos. En primer plano tenía a un señoriño pequeñito y muy delgado, fragilucho, con una media melena de esas que son rizadas pero porque ha metido los dedos en el enchufe (y digo yo... no conocen los peines de tenedor, que mantienen el rizo sin romper el pelo). Este, el bajo (y no por ser bajo), tenía delante un micrófono una cabeza más grande que él, y se dedicaba al acompañamiento de berridos. La cuestión es que los berridos eran tipo “Maruja, sácame al niño de aquí que se me ha meado en las zapatillas”. De verdad, daba pena, y claro, ponía una cara muy divertida y se desgañitaba, pero no imponía mucho. Sigo. Los guitarras eran también del tipo Heavy Metalero genérico pero ligeramente hidropésicos, sólo de cintura para arriba, y las guitarras parecían pequeñitas pequeñitas ante esa masa de michelines y melenas desvencijadas. Eso sí, tocaban bien la guitarra. Al batería no lo vi, que estaba escondido por unos bafles que tenía delante. Y el cantante, menudo elemento. El hombre le echó mucha intención, y es de aplaudir su actuación, porque nada más subir al escenario aclaró que se acababa de comer una hamburguesa vegetariana que le había sentado de pena. Y sí, era verdad, porque no sólo estaba especialmente pálido sino que también le tuvieron que poner un cubo de la basura con bolsita incluída junto a los bafles para que vomitase. Al final no vomitó, pero lo intentó. El señor era larguirucho, también con melena estándar, y se dedicaba a ir de adelante a atrás del escenario, moviendo la cabeza y un brazo como si tuviese epilepsia y pegando gritos.

Estos sí que hicieron ruido. Fíjate si había ruido que me llamaron al móvil y oyendo una voz masculina berreé “papi, llámame mañana, que ahora estoy en un concierto”. Jo, pues no va y me llega un text de Paulorf, partiéndose de risa, diciéndome que era él el de el teléfono.

En fin, que he sobrevivido, no me sangran los oídos ni tengo ningún tic extraño, pero vaya, que ya tengo la experiencia de un concierto de estas características y no pienso volver. A pesar de que el segundo grupo me pareció genial. Encima, hoy tocaban Low en el mismo sitio, pero yo ya he llegado a mi fin de mes y no puedo andar gastando tanto.

El próximo plan es ir a bailar salsa... cambio
de género radical, vaya. Normalmente los ritmos latinos me hacen sangrar las orejas, y hasta diría que tras la experiencia NAPALM DEATH posiblemente prefiera a mis colegas melenudos... pero puede ser divertido, sobre todo porque la cosa va a ser en el pub de Jazz (planta de abajo jazz, planta de arriba salsa y encima te dan una hamburguesa con la entrada, que cuesta cuatro libras) en el que ya estuve hace algunas semanas. Todo sea por la hamburguesa gratis...

Labels:

Wednesday, November 15, 2006 

El Diario de Miss Gonzalez XX

Domingo 18 de noviembre de 2001

Querido Andrea... No se qué es de tu vida, ni tú de la mía, pero no iba a seguir el diario sin una página en tu nombre... que para eso llevamos tantos años de amistad (extraña, pero amistad, qué cosas, lo que hacen las distancias).

Esta semana ha sido un poco rarita, uno de los grupos a los que le doy clase no apareció, con lo que me libré de dar una hora bastante inconveniente. De otro grupo vino sólo uno (el miércoles, día en el que los de la uni nos juntamos en el Pub, que típicamente inglés, si es que damos pena), un chaval medio chino medio francés que está de muy buen ver y que encima habla bien... así se le alegra la vida a una... y a última hora del jueves, vino sólo una, al grupo fantasma, agh... Y es que los profes también somos humanos, carajo, si es a última hora, un día medio de vacaciones... alumnos, no os tomeis la molestia de ir a clase, os lo agradeceremos. Así que opción a) vienen todos a clase (lo cual hace que sientas que por lo menos no has perdido el tiempo) opción b) no viene ninguno (sensación acongojante de vacío en el estómago y en la clase, pero qué bien, porque aunque podrías estar haciendo cosas mejores, te puedes tomar un pedazo café a tus anchas), y opción c) viene sólo un alumno, el aplicado de turno (joer, macho, encima tengo que hacer clase particular, que cansa mucho... pero no nos pongamos en lo malo, que la clase suele derivar en una charla amistosa y al final hasta puedes conseguir que el alumno te invite a un café... véase la tendencia rata de esta opción).

Beh, nada interesante, al fin y al cabo he vuelto a la normalidad y la rutina... a pesar de que he hecho alguna que otra tontería digna de mención (aparte de lo de freir un huevo fuera de la sartén en casa de Rosa)...

Primera tontería. Mark, el de conserjería, que es muy majete aunque más raro que un perro verde, nos preguntó si queríamos ir a un concierto con él, y mira, pues sí, me apunté, ni más ni menos que a un concierto de Napalm Death... Claro, dije yo,¡ qué bien, retorno a mi época heavy!... pero no, que ni en mi época heavy escuchaba ese tipo de música. El concierto es el martes, esperemos que la edad de los músicos (que ya van para viejos, caray, y hay que cambiar el estilillo) y el directo suavicen un poquito la música, o ya me veo sorda de un oído para las clases del día siguiente.

Tontería segunda. El viernes fue el cumpleaños de Lena, la chica ucraniana. Como tenía una cena en casa de Katrin estuve sólo una horita (lo suficiente como para llegar a casa de la alemana ligeramente cocida). En casa de Katrin cociné un pedazo de cous-cous que no se yo si fue por influencia del alcohol o no... y nos bajamos una botella de vino con la cena (con lo que se me sube a la cabeza, argh). Nada, típica charla femenina sobre lo infantiles y terribles que son los hombres (me remito a los diversos párrafos tratando sobre el tema en entregas anteriores), y luego a casita. Pero una vez en casita, la fiesta seguía, y ¡qué carajo!, yo estaba invitada. Así que allí me metí... entre los rusos, con Pavel el tarado de la habitación 2 al que le tengo jurada una jihad, con las rusas y sus amigas, y con Adèle, el ruso loco que vino con nosotras a Baja... bueno, y con uno de mis alumnos, al que se le quedó una cara cuando me vio... un tal Levon de Armenia, que a estas alturas ya me habrá perdido el respeto como profesora, pero que debe de pensar que molan mucho las lectoras de español...

La jornada fue memorable. No se lo que bebí, no fue mucho, pero estaba con la cabeza ida, he de reconocerlo. Mami, perdón, tu hija actuó como una alcohólica perdida, tras mucho predicar contra la bebida. Lo de beber y bailar haciendo el ridículo fue lo de menos, lo cantoso era la música. Digamos que era una especie de techno extraño, una mezcla entre Camela y los coros del Ejército Rojo, por supuesto, en ruso, todo en ruso, y yo que no entendía ni papa, y todos cantando, pues nada, Granpatranha, dale al “la, la, la” y canta tu también. Un show... y para más INRI, Pavel poniéndose ligeramente, cómo diría yo... pegajoso. Increíble, wunderbar, ya le vale, digo yo, si debo de ser la persona que más broncas le echa y más verde le pone a la cara. Complejo de Edipo diría yo. Nada, que cuando cuadró el momento le espeté, “Anda, Pasha, suéltame, que soy demasiado grande y VIEJA para ti”... beh, como estaba borracho no se yo si se enteró de nada, pero por un momento pensé que aquello iba a pasar de surrealista a cubista o cualquier otro movimiento extraño, porque es la única forma de describir eso... argh, escupe, Guadalupe, que te has tragado un pelo...


Después de la pedazo de fiesta y del resacón de turno, aliviado por un Almax que alcancé a tomar por la noche (el último, por cierto, así que ya no puedo emborracharme más), el sábado me lo pasé en la biblioteca, haciendo enormes esfuerzos por no quedarme dormida entre los diccionarios... que desazón, que mareo, que garganta más seca... menos mal que ya se me ha pasado, y tanto, así he comido hoy... Fuimos a casa de Katrin, otra vez, sip, y comimos filloas rellenas de crema con champiñones, una delicia, y pasta con Ratatouille, y galletas hechas por la profesora belga (otra que se une al grupo de insultar a los hombres hasta haber inflado nuestro ego femenino hasta límites insospechables), ah, y bolitas de chocolate, cómo no, no podían faltar... pero yo bebí zumito, que conste en acta.

Habíamos invitado a David, el pelirrojo, pero creo que fue muy sabio por su parte no aparecer por casa, ciertamente habría tenido que aguantar un aluvión de indirectas malintencionadas que al fin y al cabo no se merece (porque no le conocemos lo suficiente, no se yo si se las merece en sí o no). Ya aguantará lo suyo, ya, porque nos prometió que iba a cocinar comida mexicana para nosotras algún día, y pensamos recordarle la promesa...

Me he pasado la tarde durmiendo la siesta y ayudando a unas erasmus en apuros con el inglés, y haciendo mis deberes para la clase de pintura: un par de autorretratos en los que he descubierto que es absolutamente “undermining”, léase, desesperanzador y masoquista, mirarse tanto tiempo la cara, realmente, empiezas a ver parecidos con miles de persona de tu familia, a descubrir defectos distintos a los que ya conocías y a desesperarte porque te das cuenta de cómo vas a ser de viejo. Es cierto, ahora sé que ciertamente no voy a ser la persona más atractiva del mundo cuando tenga cuarenta (ja, sabia conclusión, pedazo ladrilla, eso no hacía falta decirlo tras una tanda de retratos, que caray) y que la cara se me ha puesto cuadrada como una tele... Menos mal que en el retrato me he hecho un efecto lifting (es más barato que la cirugía, no puedes decir que no) y revitalizante, he eliminado impurezas y pelillos varios y dentro de lo que cabe, salvo por la cara de tío que tengo en el cuadro, he quedado mona monísima...

Labels:

XMAS3

About me

  • I'm Granpatranha
  • From
My profile

Latest Patranhas

www.flickr.com
This is a Flickr badge showing public photos from GranPatranha. Make your own badge here.
Powered by Blogger
and Blogger Templates
Found in